Tiempo de lectura: 6minutosAlejandro Campos Ramírez, Alejandro Finisterre
Cuando era más joven, una partida de futbolín con los amigos siempre era un buen plan. Aún corrían las pesetas y por cinco duros asegurabas un buen rato. No sé si todavía quedará alguno por ahí. ¡Ya no hay boleras y “el marrano” lo cerraron hace tiempo!
Aquellos buenos ratos no hubieran sido posibles sin el ingenio emprendedor de un gallego excepcional, cuya vida pareciese sacada de una novela de aventuras; una vida más de serie larga que de película.
Tiempo de lectura: 3minutosEizaguirre, Caeiro, Marculeta II, Murillo, Suárez, Artigas. Agachados: Epi, Basabe, Pérez, Ontoria, Igoa
La sustancia del fútbol también está en las sensaciones que perduran. Al llegar al campo de Atotxa, por ejemplo, olía a hierba recién cortada; sensación que para quienes poblaban el fondo norte, se mezclaba con el olor a fruta, por su cercanía al mercado. Al rato, envueltos en el humo que sobrevolaba por las gradas, ya solo olía a Farias. Y, tras el partido, no había mejor manera de completar aquella experiencia sensorial que con un bocadillo de jamón en el Alcalde de “lo viejo” y una “goleada”.
Como se puede ver en esta hoja que se repartía por los bares para informar de los resultados de la jornada, aquel día, 17 de septiembre de 1950, la Real había ganado al “Madrid” 6-2. El Diario Vasco lo calificó de víctima en el titular de su crónica, encabezamiento que reproduzco en el título de esta entrada.
A observar el resto de resultados: 6-4, 3-6, 4-1, 4-2, 6-2, 9-0 y 2-2. 59 goles en total, en solo 8 partidos; 7,4 goles por partido. Muchos goles. Muchas sensaciones.
Tiempo de lectura: 3minutosGaldos, Amadeo, Martín Marculeta, Izaguirre, Ilundain y Trino; agachados: Kiriki, Mariscal, Cholín, Paco Bienzobas y Yurrita (Atotxa, 10-02-1929)
Tras muchos dimes y diretes, el 10 de febrero de 1929 nacía la Liga. Los aficionados de la Real Sociedad se las prometían muy felices y no era para menos.
El comportamiento del equipo en las competiciones del año anterior permitía poner el listón muy alto. La manifiesta superioridad mostrada por la Real Sociedad en el Torneo de Campeones, clasificada en segundo lugar con dos partidos menos que el Barcelona; el subcampeonato de Copa en la triple final de las odas; y el Campeonato Regional de Guipúzcoa, permitían soñar con la posibilidad de alcanzar metas ambiciosas.
Para los txuriurdinak, Atotxa y Mujika son nombres que evocan, por sí solos, pasión. Pasión por el fútbol, por unos colores, por un equipo, la Real Sociedad. Atotxako futbol zelaia fue el campo en el que desde 1913 hasta 1993, los donostiarras vivieron ochenta años de alegrías y tristezas; Mujika Taldea, con permiso de Bultzada Txuriurdina, la peña con mayor solera de la historia de la Real.
Sin embargo, no es habitual preguntarse por el origen de esos nombres que tanto nos dicen. Qué hay detrás de ellos. Yo lo he hecho y hoy comparto el resultado.
La Real Sociedad ha tenido varios nombres a lo largo de su historia y Donostia Foot-ball Club es el que adoptó en los tiempos republicanos, desde 1931 hasta 1940, ya finalizada la guerra civil.
Tiempo de lectura: 6minutosTemporada 1943-44. Patri, Tellería, Galarraga, Mancisidor, Santi, Fernando Terán I; agachados: Ontoria, Pedrín, Arbiza, Mariano Terán II y Pérez (Atotxa 10-10-1943, Real Sociedad, 1; Barcelona, 1)
Marcial Arbiza es un perfecto desconocido, incluso para la familia txuriurdin. Nació en Urnieta el 8 de julio de 1914 y empezó a romper alpargatas en el Colegio de San Bernardo-La Salle de Donosti, entre un puñado de chavales que, en unos años, serían buenos futbolistas: Ignacio Goyeneche, que jugó en la Real (1932-35) y el Valencia (1943-45); Peña Iriarte ‘Peñita’, en la Real (1931-33) y Atlético de Madrid (1934-36); y Félix Daguerresar, en la Real (1935-40).
Finalizada la temporada, se abre un tiempo de reflexión, de análisis, de altas y bajas, de planificación para el próximo curso. Los focos se trasladan del césped a los despachos y se habla de posibles fichajes, de contratos, de cláusulas… Una firma promete sueños, pero puede brindar auténticas pesadillas, porque los contratos los carga el diablo. Si no, que se lo pregunten a Iban Zubiaurre Urrutia (Mendaro, 22 de enero de 1983).
El origen de algunos términos utilizados en la fútbolsfera da para contar curiosas historias. Ya lo vimos hace tiempo con el de la chilena, o chorera, y hoy lo vamos a ver con el de volante.
Es habitual leer y escuchar en las secciones deportivas de los medios, referencias a Martín Zubimendi como “el volante donostiarra” o “el volante de la Real Sociedad”. Todos sabemos que lo hacen por su posición en el campo. Martín es un centrocampista que juega delante de la zona de contención, clave para armar la columna vertebral del equipo de Imanol; para mantener la posesión del balón, ofreciendo siempre soluciones a los defensas y al portero para superar la presión del contrario en la salida; jugador por quien pasa la ocupación de espacios defensivos, pero también buena parte del peso en la creación del juego; atento siempre al robo y recuperación de balones para luego salir conduciendo, dando al equipo equilibrio entre la defensa y el ataque. Un futbolista de mucho talento, tácticamente sobresaliente, un peón de brega que, con garra y gran capacidad de trabajo, despliega su juego por todo el campo. En fin, cualidades que reúne un buen volante de contención o de recuperación, que dicen los que saben.
Mapa de calor de Martín Zubimendi
Pero, por qué decimos volante. ¿Tiene algo que ver con la capacidad de estos centrocampistas para conducir al equipo? ¿Tendrá que ver con su posición táctica en el terreno de juego?
Nunca la Real debe dejar de ser el mejor equipo de fútbol del mundo. Aunque nadie lo sepa. Aunque nadie lo note (Elías Querejeta, El espíritu de Atocha)
En la presentación de este blog, recordaba que en 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. Ochenta años después, la Real seguía dando pruebas de que se puede amar el fútbol y los colores de un equipo sin descuidar el alma.
En junio de 1939 se jugaba en Atotxa uno de los primeros partidos de la posguerra civil. La Real Sociedad, todavía oficialmente Donostia Foot-ball Club, se enfrentaba al, entonces, Atlético Aviación, hoy Atlético de Madrid. Antes de comenzar el partido, como se ve en la fotografía que abre esta entrada, los jugadores, brazo en alto, hacen el saludo fascista mientras cantan el Cara al Sol.