
En el tránsito por la historia de la Real Sociedad, encontramos rasgos que no se perciben en las estadísticas ni en las bases de datos, y que, sin embargo, imprimen carácter y definen con mucha fuerza la identidad de este club. Los lazos de sangre son uno de ellos.
Suele ser habitual oír decir, sobre todo a quienes vienen de fuera, que la Real Sociedad es una familia; declaración que se ha convertido casi en lema oficial de este club. Pero no sé si sus promotores saben hasta qué punto esto es cierto; hasta qué punto esta divisa formula un pensamiento, una manera de ser que da sentido a una cantera como extensión de la mesa familiar.
Ya vimos a los hermanos Sena encendiendo las luces del alba de este club en los años de fundación. A Miguel, Alfonso ´Poto´ y Gregorio Sena sucedieron, sin solución de continuidad, otras sagas históricas como las de los Arrate, Bienzobas, o más recientemente, las de los Alonso, Bakero o Albistegi, que han convertido sus apellidos en dinastías ilustres de nuestra historia, contagiando orgullo y emociones, como las que sintió hace solo dos años Shanti Martín, al ver debutar a su hijo Jon en el centro de la defensa del primer equipo, en el Benito Villamarín.
Hoy vamos a hacer un repaso de la sucesión de esas 38 sagas familiares, detallando los protagonistas por épocas, su posición en el campo o su función en el club, temporada inicial y final, lugar y fecha de nacimiento, total de temporadas, partidos oficiales, goles y, en la última columna, un código de parentesco: Padre (P), Hijo (Hj), Hermano (Hn), Abuelo (A), Nieto (N), Tío (T), Sobrino (S), Primo (Pm), Tío abuelo (Ta), Tío segundo (Ts) y Sobrino segundo (Ss).

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Miguel, Alfonso y Gregorio Sena constituyeron la primera, viviendo su momento de gloria, en la primavera de 1909, al conquistar la primera copa de la Real Sociedad con el nombre de Ciclista Foot-Ball Club.
Los Arrate les dieron el relevo. Mariano, el legendario capitán txuri urdin y de la primera selección que ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes (1920), compartió defensa con Alfonso Sena y hasta cinco partidos, sobre el mismo campo, con sus hermanos Miguel y Amador.
En aquellos tiempos legendarios también hicieron su aportación al club los hermanos Minondo, José y Martín; Aranguren, Eulogio y Sotero; Urbina, Antonio y Luis; García de Andoin, Miguel y Olegario; y Zulueta, Julián y Enrique; otro hermano de estos, Emilio, fue presidente de la Real Sociedad muchos años después (1956-1960).
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Luego, llegó la Liga, la República y la Guerra Civil, tiempos difíciles en los que destacaron los hermanos Bienzobas, Cuqui, Custodio y Paco, máximo goleador de la Liga en su primera temporada (1928-1929). Los tres jugaron juntos en El Sardinero el 20 de marzo de 1932.
Los hermanos Zaldua, Txomin y Joseba; y los Marculeta, Martín y José Mari, ayudaron a superar aquellos momentos con una gran participación, haciendo un poco de puente con las generaciones posteriores.
También contribuyeron en esa tarea los hermanos Labarta, Amadeo y Pepito; los Ayestaran, Miguel y Antonio; y los Ecenarro, Boni y Silvino.
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Los hermanos Berridi, Fernando y Luis, y su primo Epi, portaron la antorcha con el fuego sagrado en los años oscuros de la guerra y la postguerra. Como Ignacio Eizaguirre, hijo de Agustín y sobrino de Santos, los tres porteros; y los hermanos Terán, Fernando y Mariano, hijos de Fidel Terán, conserje de Atotxa durante 39 años, desde su inauguración en 1913 hasta 1952. En su domicilio, frente al campo, se cambiaban los jugadores cuando todavía no había vestuarios. A Fidel le sucedió, durante otros 30 años, uno de los hermanos Labarta, el mítico Amadeo, desde 1952 hasta 1982.
En el tránsito por los cuarenta y cincuenta, encontramos a los hermanos José Mari y Félix Pérez Medrano; a los Lacalle, José y José Antonio, padre e hijo; a Eduardo Chillida, hijo de Pedro Chillida, presidente de la Real Sociedad (1942-1945), y sobrino del legendario Antonio Juantegui; a los hermanos Igoa, Silvestre y Antonio; su hijo Jon Igoa, jugó en los ochenta; y al gran portero Josetxo Araquistain y su primo José Mari Araquistain, que preludiaban tiempos gloriosos.
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Llegó el momento de los Aranzabal, de Gaztelu y su hijo Agustín; de los hermanos Artola, Peio y José Mari; de los Murillo, Luciano y Eliseo; del gran Luis Arconada, sobrino del también legendario Ignacio Echarri, y hermano de Gonzalo Arconada, entrenador del equipo en la temporada 2005-2006.
También de sagas ilustres como las de los Alonso y los Satrústegui, pilares fundamentales, junto a Arconada, de la época dorada de la Real Sociedad, con dos ligas y una supercopa. La de Periko Alonso y sus hijos Xabi y Mikel, y la extensa de Jesús Mari Satrústegui Azpiroz, su hermano José Ignacio, su primo Miguel Fuentes Azpiroz, que también fue presidente de la Real Sociedad (2005-2007), y los sobrinos de este, Marco y Luca Sangalli Fuentes.
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Y así, hasta hoy, fueron llegando al club los Bakero, José Mari y Santi, que compartieron 74 alineaciones; los Eizmendi, José Ramón, Francisco Javier y su hijo Alain; los Albistegi, con sus tres generaciones, abuelo, hijo y nieto; los López Rekarte, Luis Mari y Aitor; Patxi Hernández y su hijo Iker; Bittor Alkiza, hijo de Iñaki, jugador en los cincuenta y presidente del club (1983-1992); y más recientemente Alberto Dadíe, sobrino segundo de Luis Fernando, y Jon Martín, hijo de Shanti.
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Estos lazos de sangre, estas sagas familiares, constituyen la columna vertebral que sustenta a este club, pegado a la tierra, a lo largo de sus 117 años de historia, transmitiendo sentimientos, emociones y valores, pasión, orgullo, compromiso y amor a unos colores. Identidad, en una palabra. Uniendo a todos los estamentos del club, desde presidentes y jugadores, hasta conserjes y utilleros, pasando por entrenadores y masajistas, para componer esa gran familia de la que todo el mundo habla.

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No podemos, por lo tanto, terminar esta relación sin destacar la contribución de los hermanos Elizondo, los entrenadores Joseba (1959-1962) y Andoni (1966-1976), este último después de haber jugado 243 partidos; del recientemente fallecido y tan querido por todos, Mitxelo Olaizola, utillero desde 1981 hasta 2018 (37 años), hermano de Julio Olaizola, integrante de la plantilla realista bicampeona de Liga, que tuvo el relevo de su hijo Unai y la inspiración de su tío abuelo Celestino Olaizola, jugador de los años veinte; y, por supuesto, de los Anza, Juan Mari e Iñaki, padre e hijo, masajistas que cuidaron a los jugadores de este club, 31 años el primero y 42 el segundo. En el homenaje por su jubilación, Iñaki terminó diciendo: “me siento muy orgulloso de formar parte de esta gran familia”.
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He de advertir que esta mirada solo se ha centrado en los integrantes del primer equipo. Puede que me haya dejado a alguien en el tintero, espero que no, pero siempre estaremos a tiempo de incorporarlo para que este legado vital siga inspirando el devenir de la Real Sociedad… y con mucho gusto.

