El Madrid, víctima de la Real Sociedad

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Eizaguirre, Caeiro, Marculeta II, Murillo, Suárez, Artigas. Agachados: Epi, Basabe, Pérez, Ontoria, Igoa

La sustancia del fútbol también está en las sensaciones que perduran. Al llegar al campo de Atotxa, por ejemplo, olía a hierba recién cortada; sensación que para quienes poblaban el fondo norte, se mezclaba con el olor a fruta, por su cercanía al mercado. Al rato, envueltos en el humo que sobrevolaba por las gradas, ya solo olía a Farias. Y, tras el partido, no había mejor manera de completar aquella experiencia sensorial que con un bocadillo de jamón en el Alcalde de “lo viejo” y una “goleada”.

Como se puede ver en esta hoja que se repartía por los bares para informar de los resultados de la jornada, aquel día, 17 de septiembre de 1950, la Real había ganado al “Madrid” 6-2. El Diario Vasco lo calificó de víctima en el titular de su crónica, encabezamiento que reproduzco en el título de esta entrada.

A observar el resto de resultados: 6-4, 3-6, 4-1, 4-2, 6-2, 9-0 y 2-2. 59 goles en total, en solo 8 partidos; 7,4 goles por partido. Muchos goles. Muchas sensaciones.

La Real se había reforzado para consolidar al equipo en la máxima categoría, gracias a los ingresos generados por la ampliación del estadio. Donostiarras internacionales como el delantero Silvestre Igoa y el portero Ignacio Eizaguirre, que habían triunfado en el Valencia, seguían el camino abierto en la temporada anterior por Epi en la “operación retorno”. Unas semanas después, se incorporaría al equipo, procedente del Real Madrid, Sabino Barinaga, uno de los “niños de la guerra” evacuado a Inglaterra, donde se formó como futbolista en el Southampton.

Sin hacer un juego primoroso, el conjunto txuriurdin dio sopas con honda a los merengues, mandando en el campo desde el comienzo del partido. Igoa, con un hat-trick, Caeiro, Epi y Basabe fueron los autores de los seis goles, que, en realidad fueron siete, porque el primero del “Madrid” lo metió Marculeta en propia puerta, al intentar despejar de cabeza un golpe franco lanzado por Cabrera; gol que ponía el 2-1 en el marcador. La foto del partido parecerá más nítida si añadimos que, a pesar de los goles encajados, el jugador más destacado del equipo blanco fue el guardameta, el hondarribiarra Alonso. Un resultado que, para Iturrioz, de El Diario Vasco, “pudo incluso ser mucho más estrepitoso”.

Ficha del partido

Las crónicas de la época destacan, sobre todo, la actitud de los jugadores de la Real: “pelearon con ganas, luchando con entusiasmo hasta el final y no desmayando en los momentos difíciles, especialmente en aquel instante en que una jugada desgraciada de Marculeta daba el primer gol al Madrid”. También ponen el acento en “el juego de balones rápidos”, la “profundidad” y el “acierto rematador” de sus delanteros. Una receta que puede valer también en Anoeta y en el Bernabéu.

Tal y como había empezado la temporada, la Real supo hacerse fuerte en Atotxa. Además del 6-2 al Madrid, ganó 5-1 al Deportivo de La Coruña y al Celta de Vigo; 5-0, al Santander; 7-0, al Murcia; 3-0, al Atlético de Bilbao; y 3-1, al Barcelona; cediendo un solo punto en casa, al empatar 1-1 con el Atlético de Madrid. Victorias abultadas, muchos goles y un fútbol mucho más divertido. De muy buenas sensaciones.

Acabó la 50-51, la última de Benito Díaz al frente del equipo, en una meritoria 5ª posición, con 35 puntos, los mismos que el Barcelona (4º); por encima del Atlético de Bilbao (7º) y del Real Madrid (9º). 77 goles a favor (2,6 por partido) y 56 en contra (1,9). Una actuación que fue incluso mejor en la Copa, eliminando al Real Madrid en semifinales con un 1-0 en Atotxa y un 0-2 en Chamartín y disputando la final, en la que una vez más volvió a cruzarse el Barcelona.

Aquella tarde de final de verano, los miles de txuriurdins que habían llenado Atotxa hasta la bandera, seguro que salieron del campo con muy buenas sensaciones, y si Patxi Alcorta hubiera nacido diez años antes, hasta con el olor a pólvora de los catorce cohetes correspondientes.

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