
Cuando era más joven, una partida de futbolín con los amigos siempre era un buen plan. Aún corrían las pesetas y por cinco duros asegurabas un buen rato. No sé si todavía quedará alguno por ahí. ¡Ya no hay boleras y “el marrano” lo cerraron hace tiempo!
Aquellos buenos ratos no hubieran sido posibles sin el ingenio emprendedor de un gallego excepcional, cuya vida pareciese sacada de una novela de aventuras; una vida más de serie larga que de película.
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